El Plan de Sostenibilidad Turística en Destino (PSTD) de la Comarca Comunidad de Calatayud busca poner en valor la época en la que su territorio fue un disputado terreno de batallas con la actuación Ruta de los Castillos Frontera “Raya Castellano-Aragonesa”. Dentro del Eje 4 del Plan, denominado Competitividad, esta iniciativa quiere impulsar los restos de una veintena de fortalezas y murallas que se conservan como un nuevo producto turístico.

Corresponden a otras tantas localidades de la Comunidad de Calatayud que lindan con las tierras castellanas (provincias de Soria y Guadalajara): Malanquilla, Torrelapaja, Berdejo, Bijuesca, Torrijo de la Cañada, Moros, Embid de Ariza, Ariza, Bordalba, Pozuel de Ariza, Monreal de Ariza, Torrehermosa, Alconchel, Sisamón, Calmarza, Campillo, Cimballa, Nuevalos, Monterde y Villalengua.

El PSTD destaca que la herencia de estos castillos va más allá de lo monumental. No solo constituyen un valioso patrimonio, protegidos como Bien de Interés Cultural, sino que también marcaron fronteras todavía vigentes e influyeron en la convivencia, la lengua, la gastronomía, el folklore y el arte a ambos lados. Todos estos aspectos se abordan en un audiovisual histórico, que se está grabando actualmente.

Los castillos frontera se construyeron o reforzaron en el siglo XIV, en el marco de la Guerra de los Dos Pedros, que enfrentó a Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón durante trece años. Esta época marcó un espacio geográfico y natural con una identidad propia, que se define como la Raya Castellano-Aragonesa.

Las construcciones fronterizas de la Comarca Comunidad de Calatayud se extienden por los pueblos de los valles de los ríos Manubles, Henar, Mesa y Piedra y por la cubeta de Ariza. Un total de veinte localidades tendrán sus monumentos, historia y singularidades reflejados en este documental.

La actuación Ruta de los Castillos Frontera “Raya Castellano-Aragonesa” incluye también acciones de documentación, señalización y recreación digital, que suman una inversión total de 68.000 euros para que las viejas construcciones guerreras se conviertan en el siglo XXI en un instrumento de desarrollo sostenible.